El amor no conoce fronteras, la comunicación tampoco

Algunos días despertamos con un sentimiento de búsqueda, como si necesitásemos de alguien o algo para darle sentido a nuestra vida, tal y como le ocurría a Wilmaris y José. Ellos son dos aventureros de distintos países que encontraron el amor verdadero en las alturas de las montañas latinoamericanas y que hoy nos comparten su historia.

Desde los 16 años, Wilma (como le llaman en casa) siempre fue una apasionada de la naturaleza, descubriendo que en la cima se consigue la verdadera paz que buscaba. Cuando consiguió alcanzar varias metas en su natal Venezuela, decidió emprender nuevos rumbos con el Encuentro Internacional de Clubes de Montañismo y de Aventura en México tocando a su puerta. Se armó de valor y, mochila en mano, tomó la decisión de recorrer el mundo.

La pequeña ciudad de Amecameca, cercana al Distrito Federal, fue el lugar de encuentro de un grupo de apasionados del montañismo de diferentes nacionalidades, donde también se encontraba José, un costarricense con un profundo amor por las montañas. Fue solo cuestión de tiempo que Wilma y Jose se cruzaran, aunque, entre risas, cuentan que ese primer contacto no sirvió para mucho más que para iniciar una amistad profesional, algo fría y muy distante. Tras alcanzar la cumbre del Volcán La Malinche, volvieron a sus respectivos países, pero aún así, mantuvieron el contacto.

A pesar de los miles de kilómetros de distancia, el destino les hizo reencontrarse de nuevo, esta vez en tierras venezolanas. José cumplía su sueño de conocer el Pico Bolívar, mientras Wilma le hacía de guía local. Firme como aquellas montañas que les unieron, se consolidaron sus sentimientos y cuando llegó nuevamente la despedida, esta fue un poco más amarga. Las conversaciones dejaron de ser amistosas y, poco a poco, se volvieron más personales y cada día se echaban más de menos. Encontraron refugio en los caracteres de un teclado y en las interminables videollamadas. Hoy día agradecen las ventajas que les ofrecía la tecnología por eliminar las fronteras que los separaban.

José y Wilma, dos almas libres que querían volar por el mundo, se encontraron casi accidentalmente; tras más de ocho meses de conversaciones se armaron de valor y decidieron confesar sus sentimientos sin importar el mar que se interponía entre ellos. Con las ganas de reencontrarse lograron superar todos los obstáculos para estar juntos. Poco después, el calendario daba la bienvenida al 25 de abril del 2016, cuando comenzaba un viaje que salía desde Venezuela a Costa Rica, una distancia de 1.924 km.

Con un beso y un abrazo que detuvo el tiempo por un segundo, José recibió a Wilma para tomar rumbo a la cumbre del cerro Chirripó y, a solo una semana de verse en persona nuevamente, le realizó una propuesta desde lo más alto de aquel país. Rodeados de montaña, rozando las nubes y con el sol de testigo, recibió un “Sí quiero”.

Algunos meses después se consolidó otra meta de esta aventurera pareja; nacía el fruto de mucho esfuerzo y dedicación, la llamada “Montañas para ser mejor”, que reunía a todos los apasionados del montañismo que quisieran compartir técnicas y experiencias mientras ascendían la cima de la vida.

Hoy compartimos esta historia con vosotros para llenaros de inspiración. Los protagonistas aseguran que espíritu aventurero y las ganas de alcanzar sueños en común les han unido. Desde entonces, cada mes de abril, México los recibe para recordarles que el amor, como la comunicación, no tiene fronteras.

#ComunicacionSinFronteras

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